A lo largo de mi vida he tenido que escuchar numerosas críticas que, alejándose peligrosamente de la verdad, pretenden minar la estabilidad de la institución inintermitentemente existente más antigua de nuestro diminuto mundo.
Entre estas atroces críticas de niño que aun no ha aprendido a leer pero que demuestra una cierta predisposición al absurdo, se encuentra la tan famosa "quemaban a personas inocentes"...bien, eso es muy cierto; pero he aquí que se olvidan de algo: hoy, los Estados de Occidente son laicos; la Iglesia abandonó hace algunos siglos esa cruel práctica para buscar la Verdad; y el anterior Papa, Juan Pablo II, pidió públicamente perdón por las atrocidades cometidas al malinterpretar la Palabra.
Otra de las críticas, esta menos oída porque requiere un cierto grado de entendimiento que pocos llegan a alcanzar, es la de "¿por qué no se nos permite hacer ciertas cosas?, ¿qué autoridad moral tienen los curas?" y, en un alarde de autosuficiencia mental, los hay que añaden que "en la Prehistoria no pasaban estas cosas porque la Madre Natura lo era todo"...¿por dónde empiezo?.
Otra aun más rebuscada es "¿y por qué me tengo que creer que el mundo fue hecho en siete días y Adán y Eva no surgieron de la evolución?, ¿por qué Dios, si es un dios, no hizo esto o aquéllo, que es más lógico?"...¡Dios, perdónalos, porque no saben lo que dicen!
Lo cierto es que cuando nacieron las primeras sociedades y los individuos comenzaron a preguntarse el porqué de todo cuanto ocurría a su alrededor, nada de lo que hoy nos parece (bueno, para unos más que para otros) normal, existía. He aquí que los primeros hombres empezaron a intentar dar explicación al orden reinante en el universo, y empezaron a inventar dioses y criaturas mágicas que quedaban representadas en los elementos naturales (no, cabezas cuadradas, no hablo sólo de tierra, agua, fuego y aire; eso se lo dejo a Dan Brown para que os coma el coco con complots religiosos), nace así las primeras religiones: las animistas, que ya empezaron ha establecer rituales cuyo centro era el chamán, conocedor de las propiedades de ciertos elementos naturales y, por ende, del poder de los seres supremos.
Aquí he de hacer un pequeño inciso para aclarar que, cuando hable de religión, no me refiero a una manifestación religiosa concreta ni a las instituciones que puedan representarla, sino a la relación que establecen los seres humanos con unos seres superiores con unas determinadas características y poderes (de acuerdo con el significado de la palabra, de origen latino, relingare).
Posteriormente, estos seres fueron delimitados y clasificados en las religiones politeístas. Muy poco tiempo después, junto con las religiones politeístas, habrían de convivir las primeras religiones monoteístas.
Si los dioses eran seres superiores, padres e todo cuanto en el mundo había, no podían ser motivo de cachondeo. Todo cuanto se hiciera en la Antigüedad, debía estar vinculado a los dioses, aunque todo se dirigiera a los hombres: las pirámides eran tumbas (oh, sorpresa, vida más allá de la muerte) destinadas a los faraones por el bien del pueblo.
Ya durante el Imperio Romano, concretamente hace unos 2000 años, la fe cristiana empieza a ver la luz (nunca mejor dicho) y llega a convertirse, con la Paz Constatiniana, en religión oficial.
Dicho estatus permanecerá durante toda la Edad Media y toda la Edad Contemporánea, épocas durante las cuales se llevaron a cabo las Cruzadas, asesinatos en nombre de la Inquisición, avances artísticos procurados por la Iglesia...hasta que, tras las revoluciones ideológicas del siglo XVIII, la Iglesia cristiana (ahora sí) entra en un proceso que la alejará del poder estatal y que culminará en el Concilio Vaticano II.
Aquéllos que quieran debatir saben ya por dónde voy: la religión es algo que siempre a acompañad al ser humano y es, de hecho, un de sus rasgos distintivos, ya que implica las primeras manifestaciones artísticas, científicas y religiosas; la Iglesia, como cualquier otra institución religiosa (miro ahora al mundo islámico) ha cometido crímenes que casi nada tienen que ver con la Palabra de Dios (salvo por que ésta era invocada); la Iglesia ha contribuido para bien y para mal a la historia del hombre; la religión y las instituciones deben ser criticadas para preservar su pureza, pero las críticas deben ser razonadas y justas...y, cuando se pide perdón, ¿no enseñan los padres a sus hijos que hay que perdonar?
Los que aun sigan buscando explicación a lo de Adán y Eva sin llegar a entender que están ante una mera explicación (tan válida como la de que las fuerzas de la naturaleza son eternas, todopoderosas e invisibles) dada por criaturas que empezaban a abrir los ojos a un mundo maravilloso que debían cuidar ad maiorem gloriam dei. Además, todos estos que siguen empeñados en pedir la sangre de los religiosos, no nos engañemos, la reclaman porque ni en mil años podrían lanzar una piedrecita...
Y una última cosa, a los que dicen que la Iglesia no puede ni debe opinar, la Libertad no tiene fronteras.


